Restaurante Los Caracoles, el segundo más antiguo de Barcelona.

El restaurante Los Caracoles, es el segundo restaurante más antiguo de Barcelona. En la calle Escudellers, la hora del servicio se convierte en una fiesta para los sentidos.

 

 

Para la vista, sólo entrar, un circo compuesto por una decena de cocineros, silenciosos y perfectamente coordinados. Para el oído, las órdenes y pedidos que se “cantan” literalmente por un micrófono y unos altavoces enfocados directamente a los fogones. Para el olfato, el inicio de la comida que se intuye desde cualquier rincón. Para el tacto, un mobiliario que esconde detalles históricos, con botas todavía conservadas y un mosaico de jamones en el techo. Y para el gusto, platos como el lechón, la bullabesa, los arroces, el bacalao, el marisco, el entrecot, el “suquet” y la zarzuela, además de los imprescindibles caracoles especiales que hicieron famoso el local.

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La cocina abierta, por la que hay que pasar para entrar a los comedores del restaurante.

 

La quinta generación de la familia Bofarull estima el restaurante Los Caracoles con la misma pasión con que lo hicieron sus padres. Todos ellos recuerdan las más de 12 horas diarias que sus progenitores pasaban en la cocina y en los comedores de un establecimiento que bebía y se alimentaba del carisma de sus propietarios. Su particular historia se concreta con una serie de fechas y hechos que marcaron una época tras otra… hasta la actualidad.

La familia Bofarull ostenta el récord de la ciudad siendo la saga más longeva de la hostelería barcelonesa.

 

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Mural de Rafael Sarabia en las paredes del restaurante.

 

 

HISTORIA DEL RESTAURANTE LOS CARACOLES

 

1835Agustí Bofarull y su esposa fundaron la taberna Can Bofarull, en la calle Nou de Sant Francesc número 3. Vendían vino a granel, aceite, licores, petróleo y jabón. La actividad en el puerto crece gracias al comercio con Cuba, y la pequeña taberna de sólo 20 m2 iba muy bien a los marineros y descargadores de algodón para recuperar fuerzas con un trago de vino.

Hereda el negocio su primo hermano Felicià Bofarull, que había sido alcalde de la por aquel entonces Vila de Gràcia.

Felicià Bofarull i Pujol se hace cargo del local y le aporta unas características que atrajeron a un público más amplio. Viudo y con 7 hijos, empieza a servir comida –en taburetes y botas que hacían de mesas- para acompañar el vino, sardinas escabechadas, anchoas, aceitunas, ostras, y caracoles con salsa y pan negro, la tapa estrella del momento.

 

1915El establecimiento toma el nombre de Los Caracoles por aclamación popular. Felicià incorpora el piso de arriba para dar un mejor servicio. Àngel Guimerà es uno de sus clientes ilustres en aquel momento.

Son los años de la Gran Guerra, la clientela es gente del barrio (Escudellers era zona de clase alta), bohemios, periodistas libertarios –de Solidaridad Obrera, con la imprenta en la misma calle- y algunos extranjeros, sobre todo marineros alemanes y franceses.

 

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Ramon Bofarull i Ferrer en los fogones

 

La calle escudellers era la zona de clase alta de Barcelona a principios del siglo XX.

 

La Belle Époque comporta la necesidad de los reservados, donde los señores de alta alcurnia dejaban ir la imaginación –y los instintos- entre bocado y bocado del almuerzo o la cena.

 

1934Los Caracoles deja atrás su etapa como taberna y adquiere categoría de restaurante, decorado por el mismo patriarca, Felicià Bofarull i Pujol.

Sus dos hijos, Antoni y Ramon Bofarull Ferrer, adquieren el local contiguo -que hasta entonces ocupaba un estanco- y montan a pie de calle una plancha para cocinar, justo en la esquina de Escudellers. Allí se hacían “pajaritos”, cabezas de cordero y cazuelas de cap i pota. El hito congrega cada día decenas de persones curiosas, hecho que dificulta el tráfico de la calle.

Por orden municipal, la cocina se traslada al interior y los Bofarull deciden instalar en la esquina de Escudellers con Nou de Sant Francesc la rotisserie más famosa de la ciudad, obra de un francés llamado Dardé. Es un ingenio pionero (30 años antes de que se pusieran de moda los pollos a l’ast).

 

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El horno, la brasa, carnes y pescados, mariscos, zarzuelas y los “suquets” dominan la carta de Los Caracoles.

 

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Los famosos caracoles que dan nombre al restaurante.

 

Al frente del restaurante, Ramon Bofarull i Ferrer –conocido con el apodo de “Marquesito Caracoles”– compone un círculo íntimo de amigos formado por los aristócratas del momento: los hermanos Muntañola, el Marqués de Alfarràs, el Duque de Solferino, Monteys, Molins, Bondia, entre otros.

 

1936Los Caracoles es colectivizado por los anarquistas. De forma pacífica, los Bofarull se quedan como encargados del local. Durante la Guerra Civil permanecen abiertos y en 1937, con los bombardeos sobre Barcelona, reciben una multa por tener una iluminación excesiva.

 

EL RESTAURANTE ‘LOS CARACOLES’ Y EL STAR SYSTEM

 

Década de 1940Ramon Bofarull i Ferrer se hace cargo de la cocina de Los Caracoles –de forma autodidacta- y decide instalar mesas en toda la acera de la calle Nou de Sant Francesc. Mientras tanto, su hermano Antoni Bofarull i Ferrer adopta el brillante papel de relaciones públicas del restaurante. Son los herederos de un legado gastronómico y social que hace subir Los Caracoles hasta la cima de su fama local y mundial.

Antoni Bofarull –actor secundario en una treintena de películas e iniciado en el bel canto- se convierte en productor de cine y responsable de largometrajes como “Hay un camino a la derecha”, con un joven Paco Rabal y Julieta Martínez; o “Los ases buscan la paz”, que explicaba la historia del entonces venerado Kubala.

 

Helena Rubinstein a punto de degustar un pollo asado de la mano de Antoni Bofarull.

 

Antoni Bofarull con Christian Dior (primero a la izquierda), Gala y Dalí. 

 

Los contactos de Antoni Bofarull con el Star System del momento propician el paso por Los Caracoles de artistas internacionales.

 

Ava Gardner –quien ratificó su fama de excelente bebedora-, Burt Lancaster, Errol Flynn, Bing Crosby, John Wayne, Josephine Baker, Alain Delon, Robert Taylor… junto con otros tipos estrafalarios y muy populares en Barcelona, como “El Rico Ribera”, “La Monyos” y “El Noi de Tona”.

 

Fiesta en Los Caracoles durante los años 50.

 

También disfrutan de Los Caracoles artistas y cantantes como Charles Aznavour, Sacha Distel, Julio Iglesias, el Pescaílla, La Chunga o Carmen Amaya; además de médicos como Puigvert o los Barraquer. También probaron sus platos Helena Rubinstein, Su Alteza Imperial el Jalifa Muley Hassan de Marruecos, Amadeu Vives, Opisso –quien le presenta a Antoni GaudíUtrillo, Rusiñol, Pruna, Miró, Picasso y Dalí, entre otros.

Los propios clientes alimentan una fama cada vez más conocida internacionalmente. Las familias Domecq y Osborne también son asiduas de Los Caracoles, hasta el punto que Álvaro Domecq le regala un caballo (de nombre “Regalado”) a Antoni Bofarull i Ferrer. Con él protagonizará la imagen que todavía hoy recuerdan miles de barceloneses, bajando con calesa desde la Bonanova hasta el restaurante cada mañana.

 

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Antoni Bofarull i Ferrer bajando con la calesa y el caballo “Regalado”.

 

En la próxima Plaça Reial, Barcelona vive un momento histórico de posicionamientos sociales y políticos, según las tendencias francófonas o germanas. Los salones privados de Los Caracoles se forjan una fama merecida y sus paredes son testigo de todo tipo de encuentros.

 

1952 – Muere Felicià Bofarull i Pujol (padre de Antoni y Ramon) a los 94 años. Han pasado por el restaurante Los Caracoles cantantes como Scampini, Tito Schippa, Lázaro Fleta, “el Musclaire”, Toti dal Monte, Barrientos y Montserrat Caballé –a quien según parece, el propio Antoni Bofarull pronosticó que triunfaría- todos ellos después de sus funciones en el Liceo.

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Marine de la Sexta Flota Americana en el restaurante Los Caracoles.

 

La Sexta Flota –la marina de los Estados Unidos- desembarca en Barcelona y encuentra en Los Caracoles su restaurante preferido donde tomar paella, filete y otras especialidades mediterráneas. Muchos de ellos volverán años después con sus hijos y nietos.

 

Detalles del interior que demuestran la huella de la Sexta Flota Americana en Barcelona.

 

A partir de 1960Agustí Bofarull (entonces camarero del restaurante) conoce y se casa posteriormente con Evelyn Morales, hija del jefe superior de policía de Manila, una joven extranjera que aterriza en Los Caracoles como segundo “monumento” de visita obligada en Barcelona, después de La Sagrada Familia.

 

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Años 60. El “sereno” delante de Los Caracoles.

 

1973 – Muere Antoni Bofarull i Ferrer, la cara más conocida de Los Caracoles hasta el momento. El restaurante queda en manos de su hermano Ramon Bofarull i Ferrer, a quien sus hijos, Felicià Bofarull Domper y Agustí Bofarull Domper -cuarta generación- le serán de gran ayuda al frente del negocio.

La bullabesa –inmortalizada por el fotógrafo Irving Penn el año 1948- y la paella se convierten en los platos estrella, seguidos de la zarzuela, la butifarra con setas y el “suquet” de pescado.

 

 

El restaurante Los Caracoles mantiene hoy en día un aspecto prácticamente igual que el que tenía en los años sesenta.

Lo primero que sorprende al comensal es una larga barra al traspasar la entrada, y sobre todo una ambientación indescriptiblemente evocadora. Unos pasos más allá, una enorme cocina de carbón, la única que queda en Barcelona, a la vista y en medio del paso de los clientes, con la parte de abajo dotada de potentes hornos.

 

 

La cocina catalana debe parte de su fama mundial a la familia Bofarull –ahora quinta generación al frente- y a todas las personas que, desde las 13.15h hasta la media noche, dan vida y sentido al restaurante Los Caracoles.

 

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