Carmen Amaya, la Capitana.

Carmen Amaya en la película Los Tarantos. Foto Colita.

Carmen Amaya, la bailaora de flamenco nacida en Barcelona, criada en la barriada de Somorrostro frente a la playa, que debutó en los cafés cantantes de la ciudad con tan solo seis años, ha sido una de nuestras artistas más internacionales.

En el Día Internacional de la Danza, nos gustaría hacer un homenaje a Carmen Amaya, una artista que revolucionó el baile flamenco con su forma anárquica de bailar, pasional, instintivo y hasta animal. Una fuerza de la naturaleza que elevó la percepción del flamenco a arte.

Carmen Amaya, bailaora flamenca.

Carmen Amaya bailaba de forma diferente a todas las flamencas de la época. Su carácter y pasión fascinaron a artistas y hasta presidentes de la época que la vieron bailar. Franklin Delano Roosevelt o el mismo Winston Churchill se declararon admiradores suyos. Su arte atravesó fronteras pero siempre mantuvo ese carácter humilde y mostró respeto y afecto por sus orígenes y por los ambientes más pobres. Su generosidad tampoco entendió de fronteras. Desde muy pequeña la llamaban “La Capitana” y ella decía que aprendió a bailar al ritmo de las olas, pues se crió en el barrio del Somorrostro, un poblado de barracas frente a la playa de Barcelona.

Carmen Amaya bailando frente a la cámara en la película Los Tarantos. Foto Colita.

Los primeros pasos de Carmen Amaya en Barcelona

Incitada por su padre, que era guitarrista, Carmen Amaya empezó a bailar desde muy pequeña. A los seis años ya era una artista que llevaba sustento económico a su familia. La próspera industria textil y una inmigración creciente hicieron que Barcelona doblara su población hasta 1 millón en tan solo dos décadas. El en Barrio Chino y el Paral-lel, os locales de ocio no cerraban nunca. Los cafés cantantes y los tablaos de flamenco como el Juanito el Dorado, el Villarosa o el Teatro Circo Barcelonés, ofrecían espectáculos de las artistas más reconocidas de la época. Es allí donde Carmen Amaya aprendió de las mejores, sin academias ni clases. En directo. Llegados ya a los años 30, y ayudado por algunas obras de escritores de la Generación del 27 que apoyaron este arte, el flamenco deja de ser un estilo marginal para convertirse en un arte reconocido y apreciado.

Carmen Amaya actuando en Nueva York.

Años 40’s, una figura mediática en Estados Unidos.

En el año 1936, después de consagrarse como una gran artista en Barcelona, Carmen Amaya viaja a Argentina y Estados Unidos. Allí actuará durante años, aclamada por su exotismo y la calidad de su baile. En sus primeras actuaciones en el Carnelgie Hall de Nueva York, ofrecía espectáculos a diario, superando en aforo a Frank Sinatra. Es allí donde tuvo que acomodar su baile anárquico y su forma de improvisar a este tipo de show más constante. Fue aclamada de costa a costa, actuando en numerosas ciudades de todos los estados. Tal era su fama que el presidente Roosevelt puso a su disposición el avión presidencial de los Estados Unidos para que viajara a Washington y actuar en la Casa Blanca. Carmen Amaya no aceptó el ofrecimiento y éste le regaló en compensación una chaquetilla bolero bordada en oro con diamantes. Carmen repartió los diamantes entre las mujeres de la compañía, en las que se encontraban bailarinas y parte de su familia, que también viaja con ella en forma de clan. Cuando regresaron a Nueva York, Carmen se detuvo en una joyería y compró relojes de gran valor para repartirlos entre los varones.

Carmen Amaya regresa a Barcelona. 1963. Foto Colita.

Carmen Amaya no olvidó nunca sus orígenes. Cuando regresó a Barcelona vió que el Somorrostro seguía igual, hundido en la miseria, así que montó un festival en el Palacio de los Deportes para recaudar fondos para ayudar a las familias que seguían viviendo en las barracas, en el mismo barrio que la vio crecer.

Carmen Amaya en Somorrostro.

La fuente de Carmen Amaya

Cuando Carmen era niña, llevaron por primera vez el agua al barrio del Somorrostro a través de una fuente. Como ella ya era una artista desde la edad de los seis años, decidieron ponerle su nombre. Rompiendo una “botella de aguardiente, de matarratas encima”, con su padre tocando la guitarra y ella bailando, inauguraron la fuente. Durante décadas fue popularmente conocida como la fuente de Carmen Amaya.

Fuente de Carmen Amaya en la plaza Brugada de la Barceloneta. Arquitectes de Catalunya.

En 1959, aprovechando la urbanización de la zona de la plaza Brugada, se crea una escultura en honor a la bailaora flamenca. Carmen Amaya, que se encontraba de gira por Europa, cancela todas sus actuaciones para asistir a la inauguración de la plaza que lleva su nombre, asumiendo el coste que suponía el incumplimiento de los contratos, que ascendió a unas 300.000 pesetas de la época.

Carmen Amaya en la inauguración de la fuente que lleva su nombre. 14 de febrero de 1959.
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