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Huelga de tranvías en Barcelona

La huelga de tranvías de Barcelona de 1951, fue una movilización ciudadana de boicot a los tranvías, que era el transporte más popular entre los obreros. Fue una movilización que acabó convirtiéndose en huelga general.

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El Consejo de Ministros autorizó a la Compañía de Tranvías de Barcelona el aumento de las tarifas de 0,50 a 0,70 pesetas y el pueblo decidió boicotear el transporte publico ya que su salario medio era de unas 65 pesetas.

La compañía cosechó la antipatía de la clase obrera por la gran cantidad de accidentes que provocaban y en las que las únicas víctimas eran los obreros que eran sus principales usuarios.

En el año 50 el mal estado de los vehículos ocasionó la muerte de 21 personas y dejó heridas a 491. En febrero de 1951, de manera espontánea comenzaron a circular por la ciudad octavillas con poemas llenos de sarcasmo que invitaban a la gente a no subir al tranvía, y tras las octavillas comienzan las manifestaciones de estudiantes.

El éxito de la Huelga General fue total.

En el Poblenou, el principal núcleo industrial de la ciudad, se produjeron numerosos incidentes. Las mujeres del Cànem formaron un piquete que se presentaba en todas las empresas de la zona, y los trabajadores de la industria textil Vicente Illa, hicieron una barricada con una larga y pesada viga bloqueando la linea del tranvía, incluso se cerraron las industrias de hielo, cosa que sólo lo había logrado Durruti en 1936.

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A la huelga se unieron ciudades como Mataró, Badalona, Terrasa y Manresa.
La policía armada y la guardia civil ocuparon la ciudad. El ejército estaba acuartelado, con tres navíos de guerra amarrados en el puerto, pero no llegó a intervenir.

Los muertos en todos los incidentes del boicot y la huelga posterior no se saben con certeza, pero oscilan de 3 a 5, entre ellos un niño de 5 años muerto por el disparo de un policía.

En los días posteriores son detenidos numerosos militantes de la CNT y la cúpula del PSUC y las máximas autoridades locales, entre ellas el gobernador, fueron destituidas.
A los pocos días se unieron a la huelga Euskadi y Navarra.
A los detenidos se les acusó de sedición y fueron condenados con la ley militar franquista.

La huelga de tranvías de 1951 significa para algunos historiadores el comienzo de un nueva forma de oposición al régimen, mientras que para otros es el último gesto de resistencia de la Guerra Vivil, y sin duda también puede que fuera ambas cosas a la vez.

Texto de Jordi Fernández
Bibliografía: Fèlix Fanés, La vaga de tramvies del 1951, Editorial Laia, Barcelona, 1977.

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