El perro Paco, la ilustre leyenda madrileña

A finales del S.XIX un perro negro y callejero se convirtió en la mascota de toda una ciudad cuando comenzó a frecuentar los cafés y restaurantes del centro de Madrid.

 

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Rondando la Puerta del Sol y alrededores se hizo conocido entre los vecinos. El nombre se lo puso el Marqués de Bogaraya un día que se le acercó en el Café Fornos (Calle de Alcalá con Virgen de los Peligros). Puesto que aquél mismo día era San Francisco de Asís, el marqués al que cayó bien aquél risueño chucho lo bautizó con el nombre de Paco. Y con él se quedó este particular Vagabundo madrileño. Pronto se hizo asiduo del Fornos sabiendo que cuando estaba allí el Marqués le guardaba algún hueso de la cena y los días que no lo conseguía cruzaba al Café Suizo para buscarlo allí, camelándose con monerías y cabriolas a los tertulianos de uno y otro café.

 

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Café Fornos de la Calle Alcalá, dónde algunos dicen que pasaba las noches el perro Paco y donde el Marqués de Bogaraya le puso su nombre.

 

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El Café Suizo, situado enfrente del Fornos fue otro de los sitios que frecuentaba el perro Paco y de cuya concurrida clientela se hizo amigo.

 

La fama del perro Paco terminó saltando a la prensa de la época y muchos fueron los cronistas que narraron sus andanzas, como José Fernández Bremón o José Ortega Munilla. El dibujante Joaquín Xaudaró lo inmortalizó en numerosas tiras en las que las que se le veía en compañía de toreros conocidos y otros famosos de la sociedad de la época ¡E incluso contó con su propia revista!

 

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Muchos fueron los que quisieron adoptar al simpático perro y llevárselo a casa pero él no lo permitía, lo que le gustaba era pasarse el día en la calle yendo de acá para allá y tal vez ese espíritu tan madrileño fue el que hizo que toda una ciudad se rindiera a sus patas.

 

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Revista musical protagonizada por este famoso perro.

Se compusieron en su honor piezas de baile que se hicieron muy conocidas en las fiestas de sociedad de la capital y en los bares y tabernas frecuentados por gente de todo tipo. Tenía un lugar en palco de la plaza de toros y le escribían obras de teatro.

 

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Su fama fue más allá de las fronteras de la capital e incluso llegó a dar nombre a un vino Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz.

 

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El perro Paco campaba a sus anchas por Madrid, asistía a la ópera o al teatro dónde ladraba si la obra no era de su agrado para regocijo de espectadores. Y también frecuentaba las corridas de toros que era el espectáculo preferido haciéndose amigo de muchos toreros, y en especial del famoso Farruco junto al que se le veía muy a menudo.

Fue en una de estas corridas donde encontró la muerte el pobre perro al saltar a la arena en el momento en que un novillero hacía una mala faena, como quejándose de ello. El torero se puso nervioso y por no tropezarse con él le dio con el estoque. Primero la Plaza entera y una vez se conoció la noticia todo el pueblo de Madrid se echó encima de aquel desgraciado pidiendo justicia.

 

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El perro Paco estuvo padeciendo a causa de las heridas algunos días bajo los cuidados que le propiciaron muchos vecinos pero finalmente murió.

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Anuncio de la muerte del perro Paco en la prensa de la época.

 

El perro Paco fue disecado y expuesto durante un tiempo en un restaurante del centro de la ciudad pero al cabo de unos años se enterró en el Parque del Retiro, aunque sin placa conmemorativa, por lo que en la actualidad no sabemos donde descansa esta ilustre mascota madrileña. Pero al menos sabemos que este alma libre descansa en uno de los sitios más idílicos de su ciudad.

 

Consuelo Gallego

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