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El pacto del Amaya y las Olimpiadas de Barcelona

Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 supusieron muchos cambios en la ciudad de Barcelona. Tanto a nivel urbanístico como social, la ciudad sufrió una transformación con vistas al futuro y con la intención de mejorar sus instalaciones. Con motivo del 25 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, hemos querido rendir homenaje al restaurante donde se hizo el “pacto del Amaya”, el restaurante Amaya, que sirvió para la mejora de un espacio deteriorado que se convirtió en instalación olímpica. Todo ello gracias a Ignacio Torralba, antiguo gerente del restaurante. A continuación os contamos su historia:

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“Hasta el cierre del Frontón Colón, allá por los años setenta y pico, su historia y la del Amaya se tejen con el mismo hilo, ambos formaban un polo de atracción irresistible para cualquier vasco, ya fuese residente en Barcelona, embarcado, camionero, simplemente turista o componente de una excursión futbolística para ver un Barça-Atletic o un Barça-Real Sociedad.

Una tapa de angulas con una copa de Murrieta Blanco en la barra del Amaya era una espacie de ritual al salir de ver una partida ya fuese de cesta-punta, pala o mano, y no te digo nada si se había ganado en las apuestas y el corredor te tiraba dentro de aquella pelota de tenis rajada, dos o tres billetes de mil pesetas de aquellos grandes, que tenían el dibujo de los Reyes Católicos, entonces la fiesta acababa en el restaurante, con kokotxas, chipirones en su tinta y un par de botellas de txakolí, y de postre una kaputxina estilo Bilbao con jerez dulce.

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Frontón Colón

El frontón no solo trajo clientes al Amaya, también los pelotaris hicieron del Amaya su casa. Algunos como Antón Malo, llegó a trabajar en el restaurante. Immanol Elguezabal se quedó como vecino y amigo regentando el estanco que había sido de sus suegro, puerta con puerta con el Amaya.

Tras el cierre del frontón, subsistió durante un tiempo el “Dancing Colón” situado bajo las gradas y tras una etapa de deterioro progresivo, quienes lo regentaban se fueron sin cerrar ni la puerta, con lo que el local se convirtió en un refugio de gente marginal que se reunían a la luz de una vela consumir los restos de las botellas de licor o meterse algún que otro jeringazo de heroína.

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Entrada al Dancing Colón

Después de denunciar la situación, sin éxito, en varias ocasiones al entonces Regidor del Distrito, Pau Cernuda, diciéndole que deberían tapiar la puerta del frontón aunque solo fuera por cuestión de seguridad, cogí una cámara de fotos y disparé tres carretes en el interior del edificio, un día de lluvia en que las goteras, tras atravesar los cuatro techos, encharcaban el gran salón de la entrada del frontón.

Al cabo de unas semanas vino a comer el alcalde de Barcelona Pasqual Maragall, que siempre solía preguntarme cómo estaba la zona. Le puse sobre la mesa las fotografías y le pregunté qué le parecían. Sin saber de donde eran, se llevó las manos a la cabeza y me preguntó que quien tenía el edificio en esas condiciones. Yo le contesté que el Ayuntamiento. Sin hacer más comentarios, eligió cuatro o cinco fotografías y se las llevó.

Barcelona ya había sido nominada Sede Olímpica y unas semanas después vino con un grupo de personas y salieron a decidir durante aquella comida, a la que luego llamarían “el pacto del Amaya“, que el Frontón Colón sería un espacio olímpico para las competiciones de frontenis, asignado para su rehabilitación un presupuesto de mil cuatrocientos millones de pesetas”.

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Cartel promocional de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. @angelmar63

 

Texto de Ignacio Torralba “El Amaya. Su historia y su gente”.

 

 

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Ilustración de Javier Mariscal, con Cobi comiendo en el Restaurante Amaya.

Una prueba más de la importancia de conservar el tejido social de nuestra ciudad. Las Ramblas no siempre fueron en lo que se han convertido actualmente. Afortunadamente, todavía existen lugares que quieren preservar esta esencia y el Restaurante Amaya es uno de los pocos que quedan. Por ello, durante el mes de agosto del 2017 tenéis un 10% de descuento en carta a los que vayáis a comer al restaurante, siempre y cuando enseñéis la app de Urban Explorer para que os puedan identificar. Nos parece una forma estupenda de celebrar estos 25 años de aniversario de los Juegos Olímpicos Barcelona 92 en un lugar con historia viva y excelente gastronomía. ¡Que aproveche! 

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