Cuando andando podíamos ir al Rompeolas

Pensando en el rompeolas me ha venido a la mente parte de un capítulo de mi novela “Max, una historia de los ochenta” donde cuento algo sobre él.
De cuando podíamos ir andando a la escullera del Rompeolas
Rompeolas de Barcelona años 50

Rompeolas de Barcelona años 50

Un magnifico lugar donde por las noches las parejas daban rienda suelta a sus pasiones.
Dentro del coche con las ventanas empañadas por la actividad física podían hacer lo que querían sin ser vistos.
No todos podían pagarse un hotel y ese era el mejor sitio para no ser molestados.
Muchos niños y niñas venidos al mundo durante el Baby Boom en Barcelona fueron engendrados en el rompeolas.
Os dejo con el texto extraído de la novela y con un vídeo de fotos donde se ve el antiguo faro que por supuesto ya no existe.

Rambla, edificio de la editorial donde trabaja Max, justo delante del Banco Central. Samanta se da cuenta que dentro del banco hay unos encapuchados que están realizando un atraco. Es el famoso atraco al Banco Central del 23 de febrero de 1981, nueve y diez minutos de la mañana.

“Cogí la cámara y enfoqué donde me dijo Samanta. Vi a una serie de encapuchados apuntando con sus armas a los empleados y a los clientes. Empece a disparar como un loco. Era un atraco de los gordos. Miré el reloj: Las nueve y diez minutos de la mañana.
Las Ramblas seguían con su actividad normal. Los quioscos llenos de periódicos que eran ojeados por los paseantes matutinos. Llegaba a mis oídos el inconfundible sonido del vapor de las cafeteras calentando el cazo de leche para los desayunos de las cafeterías cercanas. Señoras que iban al mercado de la Boquería para hacer las compras del sábado y los típicos jubilados que se agrupaban para hablar de política, toros o fútbol cerca de la fuente de Canaletes. Parecía que la ciudad continuaba con su ritmo de vida habitual, ajena a lo que acontecía en el interior del banco. Hice unas cuantas fotos de personas pasando por delante de las ventanas del banco ignorando lo que estaba pasando dentro. Familias felices que se disponían a pasar el día disfrutando de un soleado sábado de mayo en la Ciudad Condal.
Los fines de semana solían venir de los pueblos de los alrededores para disfrutar de lo que Barcelona les ofrecía: Las paradas de flores y de pajaritos, el mercado de la Boquería, y un gran paseo que les llevaba desde el tren hasta el mar. Allí les compraban a sus hijos una bolsa de pipas y se sentaban a mirar el mar y los barcos.
Algunos compraban el abono familiar para montarse en las “Golondrinas”, esos barquitos de dos plantas que navegaban entre los barcos del puerto y te llevaban desde el Portal de la Paz al Rompeolas. Una vez allí, les compraban a sus hijos una caña de pescar con un cangrejo de plástico atado al final del hilo.
Los niños jugaban a pescar mientras sus padres hacían el vermut en el restaurante Porta Coeli. Parecía un día normal de primavera para ellos.
Para mí, solo era el comienzo de una larguísima jornada laboral improvisada, me tocaba cubrir la noticia y apenas había dormido.”

2 comentarios

  1. avatar
    Posted by MONIX| 21 septiembre, 2016 |Responder

    Ahhh…en Málaga pasa igual con El Morro.Lo ampliaron y le pusieron unas barandillas preciosas,pasó a ser el Nuevo Muelle de Levante, toda Málaga fascinada con ese nuevo paseo al mar.Pasaron pocos meses y pasó a ser zona de seguridad de la Estación Marítima,así que cancela y candado al canto.Ahora se proyecta un enorme Hotel justo a la entrada.Total…que los chicos ahora ni ven romper las olas ni se pueden meter mano.

    • Posted by Jordi Fernandez| 22 septiembre, 2016 |Responder

      La autoridad portuaria trabaja independientemente del ayuntamiento y de la comunidad autónoma. Dependen directamente del gobierno central y hace lo que le da la gana.
      No mira por la ciudadanía y hace todo tipo de negocios en terreno publico sin que para nada repercuta en la hacienda de la ciudad donde actúe.
      Por cierto, me encanta tu comentario.

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