Cronica del ‘nini’ parricida del carrer Vermell – 1934

La terrible historia de un vago sin oficio ni beneficio que mató a su madre por seis reales para tabaco

 

El parricida de la calle Vermell que mató a su madre por no darle seis reales para comprar tabaco.

En 1934, en el número 18 del carrer Vermell del Born de Barcelona, vivía Domingo y Ángela. Un matrimonio con su hijo  Josep de 25 años. Un vago sin oficio ni beneficio. Lo que hoy en día venimos a llamar “Un Nini” un vago digno de salir en el programa de televisión  “Hermano Mayor”

El hijo no hacía más que dar disgustos a sus padres, sin dar un palo al agua y pidiéndoles dinero violentamente cada día.


“O trabajas o a la calle”
le decía el padre cada día. El joven se alistó voluntario en el ejército para huir del olor a pescado. Prefería la vida castrense a trabajar con su padre en la parada de pescado del mercado del Born.

 

Gente agolpada para poder ver lo que sucedía en el nº 18 de la calle Vermell.

Al licenciarse del ejército volvió a casa. Se le notaba más amable y trabajador. Un par de veces se levantó de la cama para ir a la parada de pescado a trabajar.

 

Pero el buen comportamiento duró poco. El parricida del carrer vermell volvió a las andadas y a comportarse, como siempre, como un vago de tomo y lomo.

El 13 de diciembre de 1934 volvió a casa por la tarde y Fina, la criada, le sirvió la cena a Josep, la encontró escasa y empezó a reñir a la criada. Los padres defendieron a la sirvienta ante aquella bronca tan injusta. Los ánimos se calentaron y el padre le propinó una bofetada al hijo.

Los vecinos, al oír la bronca, avisaron a los guardias que se llevaron detenido al hijo a la Comisaría de Via Laietana. Lo dejaron en libertad a las dos de la madrugada.

 

Josep, volvió a casa y se puso a dormir hasta las ocho y media. Hora a la cual le despertó su padre para ir a trabajar. El hijo contestó que no tenía ganas y que ya iría más tarde. Se dio media vuelta y siguió durmiendo.
Poco después su madre lo despertó de nuevo pero volvió a rechistar y se dio de nuevo la vuelta. A media mañana Josep se levantó y pidió seis reales para tabaco a su madre.
La mujer le dijo que se los daría si iba a la parada a ayudar a su padre. Josep, se negó en redondo y comenzó a insultar violentamente a su madre.
La criada, al ver como se desarrollaban los acontecimientos corrió al mercado del Born para avisar al padre, dejando solos en casa a madre e hijo.

Seis reales y el maldito tabaco tuvieron la culpa


Josep, comenzó a agredir brutalmente a su madre con una plancha de ropa y con un palo que encontró por la cocina.
Los golpes en la cabeza que le propinó hicieron que la madre cayese muerta, en el suelo del comedor, con golpes por todo el cuerpo y la cabeza totalmente destrozada.
La criada y el padre llegaron corriendo a casa y encontraron la puerta cerrada teniendo que pedir ayuda a los guardias y a un cerrajero.

El parricida del carrer vermell gritaba desde dentro de la casa: “He matado a mi madre, no me atrapareis nunca”

 

La escalera y los alrededores de la casa se llenaron de vecinos curiosos que no querían perderse nada.
Un vecino, sargento de infantería, entró en la casa y detuvo al parricida.
Encontraron la casa destrozada, con el suelo cubierto de cristales rotos y con la madre sin vida tirada sobre ellos.
Llevaron de nuevo a Josep a la comisaría de Via Laietana. El joven, muy alterado, admitió la autoría de los hechos, sin ninguna muestra de arrepentimiento.

“Como mi madre no me dio el dinero perdí el control, eso es todo”.


Los vecinos comentaban que se esperaban algo así, que el chico era un holgazán y cada vez era más violento.

El parricida del carrer vermell dio con sus huesos en la cárcel donde pudo hacer el vago todo lo que quiso y sin tener que madrugar ni ayudar a su padre a destripar pescado en la parada.

Podría parecer un cuento con moraleja pero no deja de ser una historia real, tan real como una de tantas que ocurren en la actualidad. Por desgracia este tipo de actos violentos suceden más a menudo de lo que podemos llegar a pensar.

 

 

CARRER VERMELL

Seguro que os preguntáis dónde demonios está la calle Vermell.

La calle Vermell estaba en el barrio de la Ribera. Hoy en día es una amplia calle peatonal llamada Allada-vermell.
Un extraño nombre de calle que no significa nada. Juntaron dos calles, Allada y Vermell al derribar la manzana de viviendas que las separaban y la bautizaron juntando los dos nombres.

 

Carrer Allada-Vermell

 

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Recorte de La Vanguardia del día trece de diciembre de 1934

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